Armand Robín
Armand Robin
En virtud de una curiosa paradoja, si bien cualquier contemporáneo de Jesucristo, puede ser tratado como un personaje histórico, Armand Robín, contemporáneo nuestro, muerto en 1961, debe ser tratado como un personaje de leyenda.
Parecía fácil llevar a cabo una investigación sobre un personaje contemporáneo que ha vivido y ha muerto en la Francia de nuestros días. Sin embargo, las informaciones que obtengo sobre Armand Robin son tan contradictorias, incluso acerca de su aspecto físico, por no hablar de su mentalidad, que me veo obligado a presentar la historia de Armand Robín como una leyenda contemporánea. Tal vez la aparición de este libro haga surgir testimonios que permitan ver en ello un poco más de claridad.
Mientras tanto, he aquí la historia de Armand Robin tal como me fue contada:
En los años 50, un joven bretón llega a Paris, Revela un don de lenguas prodigioso, inverosímil. Aprende veintiséis de ellas, y de una forma tan perfecta que es considerado como el más grande poeta búlgaro y el más grande poeta swahili del siglo xx. Compone asimismo tres hermosos poemas en francés. Esos poemas aparecieron en «Gallimard». Curiosamente, no ha sido posible hallarlos, y los manuscritos desaparecieron. Robin manifiesta también dones parapsicológicos considerables: telepatía, clarividencia, predicción del futuro. Y el día de la cumbre fracasada en París en 1961 (recordemos que Kruschev reveló aquel día la historia del avión americano «U2», y luego rompió las negociaciones). En un París lleno de policías, unos agentes se precipitan sobre Robin y le golpean mortalmente sin saber por qué. Lo trasladan a una comisaría de Policía, donde nadie se da cuenta de que agoniza sentado en el banco de la sala de ingresos. Allí muere.
Un proyecto de filme sobre él revela que incluso las descripciones físicas que se dan no corres-ponden a una sola persona. Las ideas políticas que se le achacan varían desde la extrema derecha a la extrema izquierda. En cuanto a las observaciones que se le atribuyen, son curiosas por su aspecto «ex-tranjero». Se diría que es como el personaje de Lovecraft que decía: «Yo no soy de aquí.»
He aquí la leyenda. He tratado de ampliarla por medio de testigos, pero éstos son contradictorios. Algún «otro» vivía entre nosotros. Esto es todo lo que podemos decir por el momento. Parece que existe una sociedad de amigos de Armand Robin. Se habló también de él en Le Monde, pero no se habló de su poesía. Podremos hallar, en la edición del Libro de Bolsillo de la hermosa novela de Raymond Abellio, Los ojos de Ezequiel están abiertos, algunas traducciones hechas por Robin de poemas de lenguas diversas.
El día en que se decida a subvencionar tesis de doctorado sobre temas interesantes en vez de limitarse a la influencia del imperfecto de subjuntivo o a la reproducción de los musgos y los heléchos, será interesante invertir un poco de dinero y de tiempo en una investigación detallada sobre Armand Robin.
Como punto de partida, sugeriría la idea de que, igual que el conde de Saint-Germain, Robin era una función y no un personaje. Es decir, hablando con claridad, que se es Armand Robin o conde de Saint-Germain igual que se es superior general de los jesuitas. Dicho de otro modo, este término designa una función dentro de una agrupación secreta. Si hubiera, en el mismo período de la Historia, varios hombres designados para dicha función se comprendería que las descripciones no coincidieran. En cualquier caso, éste sería un tema de estudio muy interesante.
