Krakatoa - Lunas Azules y Soles Verdes

Extractado de  “El Libro de los Condenados” – Charles Fort 

En otoño de 1883, y varios años después, hubo puestas de sol tan vivas que nadie antes había observado algo semejante. Hubo también lunas azules.
La sola mención de lunas azules será sin duda suficiente para hacer sonreír a los incrédulos. Sin embargo en 1883, las lunas azules eran algo tan vulgar como los soles verdes.
Era necesario que ia ciencia se explicara. Las publicaciones como Nati/re y Knowledge recibieron un diluvio de cartas. Supongo que, en Alaska y en tos Mares del Sur, todos (os brujos fueron sometidos a una prueba parecida. Era preciso encontrar algo.
El 28 de agosto de 1883, el volcán de Krakatoa. en el estrecho de la Sonda, había hecho explosión. Terrible. El ruido, se dijo, se propagó a tres mil kilómetros de distancia. Hubo treinta y seis mil trescientos ochenta .muertos. Este detalle me parece demasiado poco científico: es curioso que no se mencionen tres mil doscientos dieciocho kilómetros y treinta y seis mil trescientos ochenta y siete víctimas. El volumen de humo desplazado debió ser visible en los planetas vecinos. Atormentada por nuestra agitación, nuestras idas y venidas, la Tierra debió quejarse al planeta Marte, lanzándonos un vasto y negro juramento.
Todos los libros de texto que mencionan el hecho anotan sin la menor excepción que los fenómenos atmosféricos de 1883 fueron registrados por primera vez hacia finales de agosto o primeros de setiembre. Esto complica las cosas. Se pretendía, en 1883, que estos fenómenos eran causados por las partículas de polvo volcánico que había arrojado el Krakatoa.
Sin embargo, los fenómenos se prolongaron durante siete años, después de una pausa de varios años. Durante todo este tiempo, ¿qué le había ocurrido al polvo volcánico?
Una cuestión semejante, pensarán ustedes, debería haber conturbado a los especialistas.
Pero ustedes no han estudiado los efectos de la hipnosis, no han intentado demostrar a un hipnotizado que una mesa no es un hipopótamo. Denle mil razones de pensar que un hipopótamo no es una mesa, y terminarán por convenir que una mesa ya no es tampoco una mesa, sino que sólo tiene su aspecto. No se puede oponer a un absurdo más que otro absurdo. Pero la ciencia posee la ventaja de ser la incongruencia establecida.
El Krakatoa: he aquí la explicación que dieron los sabios. No conozco la de los brujos.
Vean cómo la ciencia tiende, en su punto de partida, a negar mientras pueda las relaciones exteriores a esta Tierra. Mi libro, precisamente, es un compendio de datos sobre estas relaciones. Sostengo que mis datos han sido condenados, no por consideración a su mérito o su demérito, sino de acuerdo con una tentativa general de aislamiento de esta Tierra. Una tentativa de positividad. Con su pseudo-consideración de los fenómenos de 1883, ios sabios, en un gran arranque de positivismo, han sostenido esta enormidad: la suspensión de polvo volcánico en el aire durante siete años, después de un intervalo de varios años. Esto antes que admitir que este polvo podía tener un origen extraterrestre. Es cierto que estos mismos sabios estaban lejos de haber completado la positividad con la unanimidad de sus opiniones: ya que mucho antes de 1883, Nordenskiold se había expresado prolijamente sobre el polvo cósmico, y el profesor Cleveland Abbe se había levantado, en su tiempo, contra la explicación krakatoniana. Pero tal es la ortodoxia de la mayoría de sabios.
Mi mayor motivo de indignación es, en tales circunstancias, que esta absurda explicación interfiere con algunas de mis enormidades favoritas. Por ejemplo: rehúso admitir que la atmósfera terrestre pueda tener un poder semejante de suspensión. Daré más adelante numerosos datos sobre objetos que han ascendido en el aire y han permanecido allí semanas o meses, pero no por la virtud de suspensión de la atmósfera terrestre. La tortuga de Vicksburg, por ejemplo. Me parecería muy ridículo sostener que una tortuga de respetable tamaño haya podido permanecer suspendida durante tres o cuatro meses por encima de la ciudad de Vicksburg, y esto gracias al único sostén del aire.
Pero volvamos al Krakatoa.
La explicación oficial está descrita en el Report of tbe Krakatoa Comítee of tne Poyal Society. Se extiende a lo largo de 492 páginas, con 40 ilustraciones, algunas de ellas magníficamente realizadas en color. Fue publicado después de cinco años de eficiente, artística, y autoritaria investigación. Las cifras son impresionantes: distribución del polvo krakatoniano, velocidad del transporte, proporciones de la subsistencia, altitud y persistencia, etc.
La desgracia hace que, según el Annual Register, (1), todos los efectos atmosféricos atribuidos al Krakatoa hayan sido apercibidos en la Trinidad antes de la fecha de la erupción, y que, según Knowledge, 5-418, se les haya observado en Natal, en África del Sur, seis meses antes.
 
La inercia y su inhospitalidad.
No se debería, dar Jamás carne cruda a los bebés tengo miedo de que la tortuga haya sido un poco indigesta para esos señores.
Y sin embargo, lo imposible se convierte en razonable, por poco que sea presentado con cortesía.
El granizo, por ejemplo. Se lee a veces en los periódicos que han caído piedras de granizo grandes como huevos de gallina. Uno se sonríe. Sin embargo, yo me comprometo a proporcionar una lista de cien casos, citados en la Monthly Weather Review, de tales piedras de granizo. Según Nature, 1° de noviembre de 1894, se hallaron dos piedras de granizo de un kilogramo cada una, y el Report of the Smithsonian Institution (2), menciona dos de casi tres kilogramos. Finalmente, en Seringapatam, en la India, en el año 1800, cayó una piedra de granizo...
 
Tengo miedo, tengo mucho miedo... se acerca ahora un gran condenado. Tal vez debería abstenerme de mencionar esto antes de la página trescientos de este volumen, pero esta condenada cosa tenía el tamaño de un elefante.
 
Risotada.
Copos de nieve como platos. Cayeron en Nashville, en Tennessee, el 24 de enero de 1891. Sonrisas.
En Montana, en invierno de 1887, cayeron copos de nieve de treinta y ocho centímetros de largo y veinte de espesor (3).
En la topografía de la inteligencia, se podría definir el conocimiento como “la ignorancia rodeada por la risa”.
 
Lluvias negras, lluvias rojas, caída de mil toneladas de mantequilla.
Nieve negra, nieve rosa, pedrisco azul, pedrisco con gusto a naranja.
Yesca, seda, carbón.
 
Hace cien años, si alguien era lo suficientemente crédulo como para creer que las piedras caían del cielo, se le oponía este razonamiento: no hay piedras en el cielo; por tanto, ninguna piedra puede caer de allí.
Nada más razonable, más científico o más lógico podía ser sostenido sobre un tema cualquiera. El único inconveniente es que la premisa mayor era falsa o intermediaria entre lo real y lo no real.
 
En 1772, un comité, del que era miembro Lavoisier, fue designado por la Academia Francesa para examinar un informe sobre una piedra caída del cielo en Luce, Francia. De todas las tentativas de positividad, en este aspecto del aislamiento, no conozco parecer más ardientemente 'defendido que la del no-parentesco terrestre. Lavoisier analizó la piedra de Luce. La explicación exclusionista decía, en aquella época, que ninguna piedra caía del cielo: objetos luminosos parecían aterrizar y, en su lugar de caída, se recogían piedras ardientes: sólo el rayo golpeando a una piedra podía calentarla o hacerla fundirse.
La piedra de Luce mostraba signos de fusión. El análisis de Lavoisier «probó irrefutablemente»., que aquella piedra no había caído, sino que había sido golpeada por un rayo. Oficialmente, las caídas de piedras fueron condenadas, y la explicación del rayo fue el standard de la exclusión.
Uno no hubiera pensado nunca que unas piedras condenadas pudieran clamar justicia sobre una sentencia de exclusión, pero subjetivamente los aerolitos lo hicieron. Sus manifestaciones, acumulándose en una tromba de evidencias, bombardearon los muros que se habían elevado en torno suyo. Puede leerse en la Monthly Review (4). “Que el fenómeno que nos concierne parecerá para muchos indigno de atención. La caída de grandes .piedras procedentes del cielo, sin que aparezcan las razones de su previa ascensión, parece ser algo maravilloso o sobrenatural. Sin embargo, una larga suma de evidencias aquí acumuladas confirmará (a existencia de semejantes fenómenos, a los cuales convendría prestar atención”. El autor de esta nota abandona la primera exclusión, pero la modifica explicando que la víspera de una caída de piedras en la Toscana, el 16 de junio de 1794, el Vesubio había hecho erupción. Es decir, que las piedras caían en algún otro lugar de la Tierra, bajo la acción de un tornado o de una erupción.
Más de ciento veinte años han transcurrido desde esta fecha, y no conozco ningún aerolito al cual se le haya podido atribuir un aceptable origen terrestre. Era preciso levantar una condena en torno a la caída de piedras, a fin de excluir, a través de una serie de reservas, toda posibilidad de una fuerza exterior.
Se puede tener toda la ciencia de Lavoisier y ser incapaz de analizar, o incluso ver, más allá de las hipnosis y de las contrahipnosis convencionales de su época.
Nosotros ya no creemos. Nosotros aceptamos.
Poco a poco, ha sido necesario abandonar las explicaciones del tornado y del volcán, pero esta hipnosis de exclusión, esta sentencia de condenación, esta tentativa de positividad, es tan poderosa que aún hoy en día algunos sabios, como el profesor Lawrence Smith y Sir Robert Bali, continúan negando los orígenes exteriores, afirmando que nada cae sobre la tierra a menos que haya sido levantado antes de ella.
Posición virginal.
Los meteoritos, antaño condenados, son admitidos, pero bajo reserva de una tentativa de exclusión. Se admite que dos especies de sustancias, y solamente dos, pueden caer del cielo: las sustancias metálicas y las sustancias pétreas, y que los objetos metálicos se limitan al hierro y al níquel,..
Mantequilla y papel, y lana, y seda, y resina.
Desde el principio, las vírgenes de la ciencia han combatido, llorado, gritado, maldecido las relaciones externas, bajo los mismos pretextos... diciendo que los meteoritos provenían de la superficie terrestre y de ninguna otra parte.
Progreso significa violación.
Mantequilla y sangre. Carne de buey, y una piedra cubierta de inscripciones,
 
 
(1) Annual Register, 1883-105,
(2) Report of the Smithsonian Instítution. 1870-479.
(3) Monthly Weather Review. 1915-73.
(4) Monthly Weather Revsew. 1796-426.
 
 
NOTAS:
 
LAVOISIER, Antoine Laurent de. (París 1743-1794) Químico francés, uno de los creadores de la química moderna. Enunció la ley de conservación de la masa y la de conservación de los elementos, descubrió el papel del oxígeno en la combustión y en la respiración e identificó el oxígeno y el nitrógeno del aire (1777). Ideó una nomenclatura química racional (1787). En física efectuó las primeras medidas calorimétricas.
 
KRAKATOA o KRAKATAU, isla de Indonesia parcialmente destruida en 1883 a causa de la explosión de su volcán, el Perbuatan
 
AEROLITO. Fragmento de un bólido que cae sobre la tierra. (Astr.) Trozo de materia sideral que resulta de la fragmentación de un bólido y cae sobre la tierra, también recibe el nombre de Meteorito

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