Onda Sónica - Singularidad Prandtl-Glauert
En un viejo artículo sobre la ruptura de la barrera del sonido, se hablaba de que era perfectamente posible su utilización como arma, si bien es cierto que el sonido puede ser una terrible arma, hoy sabemos que no es tan espectacular como se lo tomaba hace 50 años.
Pero es interesante desde el punto de vista histórico y además veremos dos fotografías espectaculares en el momento en que se rompe la barrera y las condiciones climáticas son especiales.
“La Onda Sónica Como Arma”
por el Capitán B. B. Small.
Cuándo oímos hablar de aviones supersónicos, entienden quienes están vinculados con el tema, lo que quiere significar la denominación Mach 1 ó Número de Mach, pero sin concretar una comparación visual con tan elevada velocidad. Pero quienes están ligados a tierra aquel número de Mach puede ser más fácilmente comprensible cuando lo comparamos con unidades de velocidad relacionadas con la tierra.
Calculamos así, que una velocidad supersónica de Mach 1,05, es ligeramente superior a 1.280 km/h. en condiciones normales al nivel del mar. Pero, otra vez aquí, no luchamos contra determinados números de Mach y no nos será posible resolver los problemas supersónicos con sólo emplear una determinada frase, tal como "se establecerá una defensa antimach" corriente. Tratamos con un objeto peligroso, que se desplazará en el aire, muy cerca nuestro con cambios de posiciones extremas en cualesquiera de las tres dimensiones o en todas ellas. Juntamente con esos cambios, están las nuevas experiencias obtenidas con el sonido sumamente peligrosas en si.
Procure el lector representarse el ataque aéreo que podría experimentar como soldado de infantería. Para contrarrestar las posibilidades de detección electrónica, el atacante se aproximará, procedente de las bases enemigas a muy baja altura. Cada uno de los aviones lanzará un primer ataque desde una altura mínima para que su presencia no sea advertida sino hasta último momento y contar, a su vez, con una mayor protección. El piloto tomará altura para inspeccionar el blanco y volverá a atacar si lo estima necesario. Dado que este primer intento será de 100 % efectivo, sólo en muy raros casos sobrevendrá un segundo ataque.
Para lograr un contraataque eficaz, el primer paso será activar el esfuerzo antiaéreo con la utilización de proyectiles guiados. El equipo de radar podrá detectar al avión atacante y advertir a los interceptores.
De esta forma, la situación se volcará de la defensa antiaérea al combate aéreo.
En el caso supersónico, el avión enemigo no atacará con las armas automáticas convencionales puesto que los elementos de avanzada estarán constituidos, principalmente, por equipos blindados y tropas de infantería dispersos. Probablemente llegue a emplear su armamento para inutilizar la fuerza blindada, aunque en lo posible, tratará de afectar a los hombres que la conducen. Si en dicho caso se emplea un explosivo, éste será adecuado de manera tal que permita al piloto evadirse del alcance de la explosión. Este tiempo podrá ser solamente de una fracción de segundo, pero suficiente para permitir a la tropa buscar refugio contra la explosión.
Los aviones subsónicos darán poco aviso de su aproximación, volando a baja altura. El ruido producido será igual al de un proyectil de obús, aproximadamente igual en tamaño a un tanque liviano, es decir, verdaderamente aterrador. Este, será un embudo o cono de sonido cuya base o extremo mayor está dirigido contra las fuerzas terrestres. El sentido visual nos presentará una plancha rugiente de plata, que amenaza desintegrarse en el aire, sobre la cabeza del observador; e inmediatamente, una perspectiva detallada de la tobera de escape, resplandeciente, con ondas de calor cada vez menos intensas, hasta que el objeto desaparece en el horizonte. Tan sólo un fuerte y persistente olor a kerosene quedará flotando en el aire.
El increíble instante de ruptura de la barrera del sonido, esta fotografía muestra el fenómeno conocido como “nube de Prandtl-Glauert”,
El sonido producido por un avión que se desplaza en vuelo a gran velocidad y baja altura, .será tan intenso como para causar dolor físico a las tropas de infantería. El efecto psicológico que produce en los hombres, será desconcertante para algunos y atemorizante en otros. Las fuerzas en campo abierto quedarán completamente aisladas, sin poder establecer contacto alguno. Sería muy justo prever que por tal efecto los hombres quedarán acobardados, con la cara aplastada contra el suelo en una actitud natural, o paralizados en sus puestos por temor o indecisión.
Analicemos ahora la situación del avión moderno, del tipo supersónico, desplazándose a una altura de 120 metros y a una velocidad de 1.930 km/h. Un avión cuyas características generales de -diseño fueran las corrientes, generaría en aquellas condiciones una onda o sacudida sónica desde su parte delantera, con gran aumento en la presión del aire inmediatamente por delante de la nariz. Esta onda es captada por el oído como una fuerte explosión asociada o producida por el vuelo supersónico. Ciento veinte metros más abajo, en la superficie terrestre, la onda habrá creado un sonido de intensidad igual a seis veces el ruido producido por un trueno. Recién en ese momento, el ruido comenzaría a afectar el tímpano del oído. La cola del avión también produce una onda de sacudida, de menor intensidad y detrás de ella, tendríamos el tremendo sonido del turborreactor. De tal forma, el avión supersónico puede ser un arma, aún sin utilizar elemento bélico alguno.
A la velocidad de 1.280 km/h. el ruido del avión puede provocar dolor de oídos, aun volando a una altura de varios miles de metros; por lo tanto, puede inmovilizar, gran cantidad de hombres de infantería. No será necesario arrojar proyectil alguno ya que el frente quedará paralizado con el estruendo y los hombres, no podrán responder a las órdenes, que no les será posible escuchar en razón del fuerte padecimiento auditivo.
¿Fantástico? Quizás, pero no por error de los físicos. Medidas individuales protectoras podrán superar tales inconvenientes.
Cualquiera sea la solución, no se trata, por fortuna, de vida o muerte, pues los vuelos supersónicos sólo podrán afectar permanentemente las débiles membranas de los oídos. El cuerpo, en cambio, puede soportar, sin mayores inconvenientes, los grandes cambios de presión.
Aunque el estampido sónico no es letal, la protección de las tropas contra ese y otros tipos de sonidos utilizados como elementos de ataque, debe ser considerada seriamente.
Condensado de The Army Combat Forces Journal, Enero de 1956 (Las fotografías son actuales 2006)
---
