RODGERS Louis

             Sería interesante que se examinara un día el caso del australiano Louis Rodgers, nacido no se sabe en qué fecha y muerto en la guerra, en 1942. Había emigrado a Australia en 1931 .-instalándose allí como médium. No molestaba a nadie, pero empezaron a correr rumores alarmantes sobre él. Se le veía en varios lugares distintos al mismo tiempo y la distancia entre aquellos lugares llegaba a veces hasta un millar de kilómetros.

Finalmente, el doctor Martín Spencer, director del Instituto de Investigaciones Psíquicas de Australia, hizo una investigación. La Policía, por su parte, había comenzado otra temiendo que Rodgers hubiera puesto en marcha un nuevo tipo de estafa;
 
Rodgers, muy azorado y sin tener el menor empeño en que se hablara de él, accedió finalmente a no abandonar Melbourne durante tres semanas bajo vigilancia de la Policía. Después apareció en Sidney donde tomó una habitación en el hotel. El detective privado encargado de su vigilancia telefoneó a Spencer:
—Rodgers está aquí en Sidney.
—Eso me asombraría —dijo Spencer-— porque está almorzando conmigo en Melbourne,
 
El enloquecimiento fue general. Rodgers decidió prestarse a un nuevo «test», a condición de que le dejaran tranquilo.
Aparentemente, todo lo que quería de la vida era vivir tranquilamente en su rincón echando las cartas y ganándose escasamente la vida. ¿Temía llamar la atención? ¿De quién?
Sea lo que fuere, en abril de 1937, encierran a Rodgers en el despacho de Spencer. Hay allí varios testigos. Esto ocurre en Melbourne. Rodgers le dice a Spencer:
—Déme una contraseña, la primera palabra que se le ocurra.
Spencer dice:
—Lilas.
Luego esperan. El teléfono suena. Han visto a Rodgers en Sidney. Siguen viéndole en Sidney, por la calle. A las cinco de la tarde, le pasan a Spencer una llamada desde Sidney.
—Aquí, Rodgers —dice la voz por teléfono—. La contraseña es «Lilas».
 
Luego, no se habla más del asunto. Se mantuvo la promesa, y no prosiguieron las investigaciones. En 1942, Rodgers murió en la guerra. Su secreto moría con él. Había quizás un hermano gemelo, pero no hay rastro de él en el registro civil. Tal vez se trataba de un doble, pero las huellas digitales, encontradas en la habitación del hotel, en Sidney, eran las suyas. Nunca se les vio a él y a su doble al mismo tiempo.
 
La leyenda y la tradición dicen que el que encuentre a su doble o Doppelganger, morirá. Sin embargo, eso no es lo que 1e ocurrió a Goethe, que se encontró con su doble vestido como él y que cuenta el suceso en. Las conversaciones con Eckermann. En el siglo XIX, una gobernanta francesa empleada en una familia rusa de los Estados del Báltico, Emilie Saget, tenía un doble que fue observado en numerosas ocasiones.
(Para la pequeña historia, se trata del tema de la novela de Helen Mac Cloy, Le miroír obscur, aparecida en Francia, «Ediciones Fierre Horay».)
Se ha atribuido el mismo fenómeno de bilocación al místico italiano contemporáneo padre Pío. Pero la historia del padre Pío es oscura y discutida.
Independientemente del padre Pío, la existencia de seres que tienen el poder de bilocación parece extremadamente probable. Ese poder, lo manifiestan lo menos posible como si supieran que de algún modo está prohibido. Como dice Roger Bacon:
 
Aunque todas las cosas no estén permitidas, todas las cosas son posibles.
 
¿Permitidas por quién? No lo sabemos. En todo caso, no solamente los procesos de brujos, .sino también la hostilidad general de la Humanidad contra cualquiera que sea diferente lo dan a entender. Hay interés en no manifestar cualidades demasiado excepcionales. Hay interés en ocultarse.
 
Cabe preguntarse, de una manera general, si los seres excepcionales que a veces se detectan entre nosotros habitan en esta Tierra, o bien la consideran simplemente como un lugar de paso. Todas las tradiciones insisten en el aspecto de la Tierra como un lugar que hay que atravesar: «lugar de paso», «imperio del medio» y cientos de denominaciones más.
Imaginemos un instante que siendo el Universo mucho más complejo de lo que nosotros sabemos, resulte necesario, para llegar desde un cierto lugar del Universo a otro, atravesar la Tierra.
Imaginemos también que la mayor parte de los seres que realizan este viaje poseen facultades telepáticas.
 
Las investigaciones de un psicoanalista austriaco, Urban, han demostrado que esto es lo que ocurre con algunos paranoicos humanos: que se creen perseguidos, pero en. realidad perciben formas telepáticas, sentimientos de hostilidad inconsciente, entre sus parientes o sus amigos. Seguro que si el gran público supiera que la Tierra era visitada, un aura de odio ciego se manifestaría, y quizá destruiría a los visitantes, si son más sensibles aún que los paranoicos humanos normales. Por consiguiente, su existencia debe ser mantenida oculta.
Esta teoría, que yo creo original, explicaría la necesidad del secreto y demostraría por qué ciertos seres están obligados a ocultarse. La idea de una «Policía dé lo paranormal», como en las excelentes novelas de ciencia-ficción del americano H. Beam Piper, no debe quizás excluirse.
Como la mayor parte de ideas originales en el terreno de lo paranormal, ésta se debe a Charles Fort. Por supuesto, yo no trato de imponer mi hipótesis como explicación única. Si queremos permanecer en el plano rigurosamente científico, podemos admitir que entre las mutaciones que se producen constantemente en la especie humana, hay un cierto número de ellas que son favorables.
 

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