Secretos Mágicos
Las llaves de los secretos de la magia. Por Jacques Bergier
La leyenda del Caballero Blanco que voy a contar, no puede, por desgracia, ser presentada más que como una leyenda. Cuando estos acontecimientos ocurrieron en Lyon, yo me encontraba ya en el campo de concentración y, por lo tanto, no asistí a ellos personalmente. Después de la guerra, recogí algunos testimonios y asimismo los solicité por intermedio de un semanario hoy desaparecido y que se llamaba Demain.
Recogí muchos testimonios, todos contradictorios. Todos procedían de algún no-lionés que había residido en Lyon durante la guerra. Los propios lióneses no hablan nunca y tampoco han salido de su mutismo en esta ocasión.
Estamos, pues, en el Lyon ocupado. Lugar destacado de la Resistencia y el más terrible de la ocupación. A comienzos de 1944, apareció allí un hombre que se hacía llamar el Caballero Blanco, que quería combatir al nazismo a través de la magia blanca. La Gestapo tuvo noticias de ello, y un día de mayo de 1944 rodeó la villa en la que vivía este personaje, en los suburbios de Lyon. Unos agentes de la Gestapo lo vieron entrar, y diez minutos más tarde ellos mismos penetraron en la villa. Estaba vacía. No se encontró ningún pasaje secreto ni ninguna explicación racional. El relato dé la Gestapo llega a la conclusión de un «caso inexplicable». El personaje había desaparecido sin dejar rastro (spurlos, en alemán), como si hubiera estado a bordo de un buque hundido por la marina de guerra alemana.Para cualquiera que no conozca «Lyon les Mystéres», la historia parece demasiado bonita. Para un lionés, no tiene nada de asombrosa. Está dentro de la vida cotidiana de una ciudad más misteriosa que el Tíbet.
Yo mismo soy lionés de adopción, y algún día contaré historias lionesas que nadie creerá.
Pero me parece que el interés de esta leyenda radica en que es trata de una manifestación muy moderna (1944), de una noción muy antigua y reconfortante: que la Humanidad no está sola y que tiene un protector.
Esta noción se encuentra en la historia más antigua, en los mitos más remotos. No hay que confundirla con la noción de la venida del Mesías, que debe significar el fin de los tiempos y que los cristianos llaman la parusía.
El Protector, por el contrario, está en el tiempo, en la Historia e intervendrá para impedir las catástrofes y para defender a la Humanidad. Éste es el mito que está en la base de la caballería y que Cervantes parodiaba.
Éste es también el mito que constituye el secreto de los Templarios, los cuales se consideraban como representantes directos del Protector.En literatura, ese mito ha estado, por supuesto, muy explotado, y frecuentemente con mucho genio. Dos ejemplos del género, ambos descritos por celtas, son La ciudad del abismo, de Arthur Conan Doyie, y la trilogía de C. S. Lewis: El silencio de la tierra, Perelandra y Esta fuerza horrorosa.
En los mitos, vemos, desde Sumer y hasta el Caballero Blanco de nuestra época, la aparición del Protector.
En América del Sur, donde es blanco, pelirrojo y tiene una nariz corva semita, a menudo es descrito como procedente de las, estrellas. En la tradición judía, se proclama Maestro del Nombre, y su última encarnación histórica es Sabbatai Zvi, en el siglo xix.
El primer nombre que se da al Protector es el de Gilgamesh. En esta forma, la leyenda es seguramente sumeria y se remonta quizá todavía más lejos. Encontramos en ella notas muy curiosas. Una versión completa, descubierta por los arqueólogos en la biblioteca de Asurbanipal. data del tercer milenio antes de Jesucristo, pero se conocen otras incompletas y más antiguas, y no sería exagerado asignar a la leyenda de Gilgamesh una antigüedad de ocho mil años.
Gilgamesh es presentado de una manera curiosamente aritmética. Es dios en dos terceras partes y hombre en una tercera. ¿Nos hallamos aquí ante un código genético y una ascendencia extraterrestre? Es .lícito preguntárselo. En cualquier caso, Gilgamesh es eterno. Atraviesa los océanos y trae, de otro mundo que, geográficamente, es
uno de los dos continentes americanos (norte o sur, es imposible determinarlo) la historia de un Diluvio Universal. Se encuentra con un anciano alto que ha sobrevivido al Diluvio y que se llama Utnapishtim. Este anciano le revela a Gilgamesh el secreto de la inmortalidad que, por supuesto, está ligado al agua y más exactamente al océano:
uno de los dos continentes americanos (norte o sur, es imposible determinarlo) la historia de un Diluvio Universal. Se encuentra con un anciano alto que ha sobrevivido al Diluvio y que se llama Utnapishtim. Este anciano le revela a Gilgamesh el secreto de la inmortalidad que, por supuesto, está ligado al agua y más exactamente al océano:—No hay nada eterno en la Tierra, pero en las profundidades del mar existe un árbol que se parece al espino blanco, y si un hombre llega a aproximarse a él y gustar sus frutos recuperará su juventud.
Gilgamesh se volverá eterno e intervendrá a lo largo de la historia de la Humanidad para su defensa. Volvemos a encontrar, bajo otros nombres y otros rostros, a ese personaje en todas las tradiciones humanas.
Se podría evidentemente decir, con una cierta ironía, que el Protector no ha impedido tremendos desastres ni matanzas. A esto cabe replicar que, sin la intervención del Protector, la cosa habría podido ser peor.
Entre los mayas se encuentran descripciones del Protector misteriosamente semejante tanto a la leyenda de Gilgamesh como a la del Caballero Blanco, así como a un gran número de leyendas medievales. Para algunas formas de la leyenda, el Protector será el Rey del Mundo de las tradiciones asiáticas que interviene a veces en defensa de los hombres. En dicha forma, la leyenda del Protector aparece en Europa a finales del siglo xix en la obra de Saint-Yves d'Alveydre. Éste habla (página 27 de Misión de la India en Europa) del origen del Rey del Mundo:

¿Dónde está la Agartha? ¿En qué lugar preciso se encuentra? ¿Por qué ruta, a través de qué pueblos, hay que caminar para penetrar en ella? A esta pregunta que no dejarán de plantearme los diplomáticos y los militares, no me conviene responder más de lo que lo voy a hacer mientras la alianza sinárquica no esté realizada o, al menos, firmada. Pero como sé que el momento en que estalle un posible conflicto, sus ejércitos deberán forzosamente pasar por allí, o bordearla, es por amistad hacia esos pueblos europeos, como también por la propia Agartha, que no temo proseguir la divulgación que he comenzado.
En la superficie y en las entrañas de la tierra, la extensión real de la Agartha desafía la opresión y la coacción de la violencia y la profanación. Sin hablar de 'América, cuyos subsuelos ignorados le han pertenecido desde una antigüedad muy remota. En Asia solamente, cerca de quinientos millones de hombres conocen más o menos su existencia y su grandeza
Sabremos más sobre la extraña personalidad de Saint-Yves d'Alveydre cuando aparezca el libro de Jean Saunier, Introducción a las investigaciones de Saint-Yves d'Alveydre.
Encontramos ya elementos interesantes en la obra de Jean Saunier, - La Synarchie, aparecida en C.A.L. y en «Grasset».
Saint-Yves d'Alveydre era un personaje muy curioso, que entre otras cosas había inventado una máquina de explorar el tiempo, que él llamaba «el arqueómetro».
La Misión de la India en Europa fue destruida por el propio Saint-Yves d'Alveydre a consecuencia de unas amenazas. Pero sobrevivió un ejemplar y la obra fue reeditada en 1910 para ser nuevamente quemada por los nazis. Un cierto número de otros documentos concernientes a Saint-Yves d'Alveydre desapa' reeieron, especialmente su expediente de funcionario que se volatilizó misteriosamente en los Archivos, lo cual es más bien raro.
Él pretendía haber recibido la visita de un emisario del Protector y se tomó bastantes molestias para difundir un mensaje real o imaginario procedente de Asia. Lo interesante, en las tesis de Saint-Yves d'Alveydre, es que él vincula el mito —o la realidad— del Protector con la existencia de unos países desconocidos que para mí constituyen repliegues dimensionales de la Tierra.
El Rey del Mundo, el Protector, tendría a su disposición un centro, una central de energía. Sobre este centro, Madame Frieda Wion (El reino desconocido, ediciones «Le Courrier du Livre», 21, rué de Seine, París, 6), escribe muy adecuadamente:
El «Rey del Mundo», el «Jefe», instala su reino allí donde se encuentra y donde le parece que mejor responde a las necesidades de la época. Si bien hay .en la leyenda una geografía sagrada, ésta sólo se torna sagrada por el establecimiento del centro: todo lugar se sacraliza por su presencia. De Egipto y de China pasó a Irlanda y luego a Belfos. ¿Dónde se encuentra actualmente? ¿Está ya en otro planeta?
Si creemos que la aventura del Caballero Blanco en Lyon ocurrió verdaderamente, podemos llegar a la conclusión de que el Protector, sintiéndose amenazado, regresó al centro por vías que no discurren a través del espacio normal. Regresará de allí, tal vez, cuando se tenga necesidad de ello.
En todo caso la idea es sumamente reconfortante. Sería interesante examinar si la aparición de la caballería, tanto en Occidente como, bajo una forma distinta, en el Islam (véase a este respecto el notable libro de Fierre Ponsoye, L'Islam et le Graal, colección La Tour Saint-Jacques, «Denoël»), no ha sido el resultado de una intervención directa del Protector.
Yo no trato con ello de negar el aspecto de la caballería que Marx consideraba como ejemplo de una «superestructura», conjunto de mitos y de hechos destinados a defender los intereses de una clase. Digo que la explicación marxista es válida, pero, como ocurre frecuentemente con las interpretaciones marxistas incompleta. Hay algo más que aspectos económicos en la caballería.
En la caballería hay también un arquetipo, y es el del Protector. Se le llame Padre Juan, Maestro Secreto del Templo, o con otros nombres, se trata siempre de él.
Haldir el Elfo que viene a luchar contra el mal (“El señor de los Anillos”)Y ese arquetipo aparece también en el Islam (véase, por ejemplo, la obra del profesor Henri Corbin, Terre celeste y corps de Résurrection). Madame Frieda Wíon cita un bello pasaje de este libro, que se relaciona directamente con las ideas expresadas en esta obra: repliegues secretos de la Tierra, países desconocidos, y altos personajes que proceden de allí:
Cuando en los tratados de los antiguos sabios te informes de que existe un mundo provisto de dimensiones y estudios distintos al de la pleroma de las inteligencias, y de que ese mundo, gobernado por el mundo de las esferas, un mundo en el que se encuentran ciudades cuyo número es imposible de calcular, entre las que el propio Profeta nombró Labalqua y Jarbasa, no te apresures a clamar contra la mentira, ya que ese mundo llega a ser contemplado por los peregrinos del espíritu, y ellos encuentran allí todo lo que constituye objeto de su deseo. En cuanto a la turba de impostores y falsos sacerdotes, aun cuando los convenzas de que mienten mediante una prueba, no por ello dejarán de desmentir tu visión. Entonces, guarda silencio y ten paciencia. Pues si, llegas hasta nuestro libro de la «teosofía oriental» sin duda comprenderás algo en lo que antecede, a condición de que tu iniciador sea tu guía. Si no, sé creyente en la sabiduría.
Por la misma época, vemos, entre los judíos, una abundante literatura, en la que el Protector debe venir a la Tierra por un puente de papel. Esta concepción tan curiosa es interpretada generalmente en el sentido de que es el estudio de los textos sagrados lo que puede permitir ponerse en contacto con el Protector. Cabe imaginar otras concepciones, y yo me canso de repetir la frase tan profunda de Meyrink que, partida en dos, constituye el título de este capítulo y del siguiente:
«Uno de los que guardan la llave de los secretos de la magia ha permanecido sobre esta Tierra y reúne a los Elegidos.»
Ha permanecido sobre esta Tierra...
Así, pues, puede viajar a otros lugares, a otras Tierras. Este aspecto me parece sumamente importante, y yo no creo que haya que pensar necesariamente en otras Tierras en forma de planetas. La concepción de los pliegues dimensionales de esta Tierra, que la cita de Henri Corbin que acabamos de leer expresa de una forma tan magnífica, me parece igualmente válida.
El protector se ha quedado en esta Tierra cuando el camino que conduce a través de las puertas inducidas hacia otras Tierras ha sido descubierta.
El Protector pasa la mayor parte de su tiempo sobre la Tierra. .. .y reúne a los Elegidos.
Pero es bastante probable que ciertas sociedades cómo los Templarios y las sociedades islámicas «correspondientes» fueran, en ciertas épocas de la Historia y en algunos lugares, representantes del Protector.
No insistiré sobre los Templarios, de los que ya se ha hablado mucho. Pero me gustaría hablar de una orden mucho menos conocida, dado que es más secreta y que existe aún en nuestros días en Inglaterra. Es la Orden del Grial.
Tiene su sede en una abadía del país de Gales, en un pueblo que no figura en los mapas desde el siglo xiv.
Las leyendas que se refieren a la Orden del Grial deben de ser sumamente exageradas. Se le atribuye la estabilidad y la supervivencia de Inglaterra, se la considera como el lazo, más allá de la realeza inglesa, que sigue uniendo los intereses divergentes que dominan Inglaterra. Se hace de ella la representación de la verdadera Inglaterra, que se llama Logres por oposición a la «nación de pequeños tenderos», como decía Napoleón, que es sobre todo lo que se ve de Inglaterra superficialmente.El jefe de la Orden del Grial seria al mismo tiempo el Pendragon, es decir el jefe espiritual del celtismo. Lleva en un dedo un anillo adornado con una amatista que ha cristalizado de modo que forma los peldaños de una escalera. ("Que no me digan que es científicamente imposible. Es científicamente imposible, pero yo vi el anillo en el dedo del Pendragon, en Penzance, País de Gales, en 1953.)
En 1940, cuando amenazaba el desastre, algunos objetos pertenecientes a la Orden del Grial, y que llevaban la marca de san José de Arimatea, partieron de Inglaterra para ser confiados al escritor John Duchan, que era entonces gobernador del Canadá. Una vez pasada la amenaza y a comienzos de 1941, esos objetos regresaron a la abadía de la Orden del Grial. Himmler y la sociedad de la que se ocupaba particularmente, la Sociedad de la herencia de los Antiguos o Ahnenerbe, se interesaba especialmente por estos objetos, y la invasión de Inglaterra habría sido precedida por una incursión de paracaidistas para apoderarse de ellos. Se pueden hallar referencias precisas sobre el particular en los expedientes del proceso de Nuremberg, en el capítulo Ahnenerbe.
Se cita a menudo, entre las intervenciones directas del Protector, una serie de incendios que estallaron en Londres el año de la gran peste en el siglo xiv. Los hogares que eran focos de peste ardieron- con una llama muy curiosa parecida a la de una fogata y la propagación de la epidemia se detuvo. De lo contrario, es probable que una parte aún más importante de la población de Inglaterra hubiera perecido. Podemos encontrar referencias detalladas en este sentido en Daniel Defoe (La gran peste de Londres).
Se puede ver también una intervención del Protector en la resolución del Colegio Invisible de fundar la Academia Real de Ciencias y sacar así de la clandestinidad un cierto saber. Esta decisión es el fundamento de la ciencia moderna y de la tecnología que se deriva de ella y, a pesar de las protestas de los pesimistas, se puede afirmar que constituyó una resolución bienhechora para la Humanidad.

Sería evidentemente tentador relacionar con precisión al Protector con el Dios blanco de América del Sur. Kukulcán Quetzalcóatl. Pero faltan los elementos, ya que todos los documentos —y había muchos— fueron quemados por la Inquisición, y especialmente Diego de Lando. Se puede simplemente decir que no hay ninguna razón para que el Protector se vea limitado por la tecnología de su época y que no pueda desplazarse libremente a los cinco continentes de la Tierra y tal vez a otras Tierras utilizando medios que nosotros aún no hemos inventado.
Es entre estos desplazamientos del Protector que pienso poder contar una historia extraña que la mayor parte de las veces se presenta como un viaje de Jesucristo al Tíbet.
Mis principales fuentes en este sentido proceden de los mormones.
Es de buen tono burlarse de los mormones. De ellos, uno no recuerda más que la poligamia y la novela de Fierre Benoit, y cuando unos amables jóvenes nos traen a domicilio el Libro de los Mormones, éste por regla general va a parara la papelera.
Se olvida sencillamente que la Universidad de los mormones en Salt Lake City figura entre las más importantes de los Estados Unidos. Su importancia se ve actualmente acrecentada, ya que es la única Universidad americana en la que se trabaja, estando las demás ocupadas sobre todo en el consumo de drogas y la fabricación de cócteles Molótov.
En Salt Lake City, los estudiantes trabajan realmente y los profesores se dedican simultáneamente a la enseñanza y a la investigación, lo que convierte a esta Universidad en el centro de la investigación científica del continente norteamericano.
Todos los movimientos mormones exigirían un estudio serio e imparcial y la documentación que poseen es única. Ahora bien, según dicha documentación, así como según algunos documentos chinos y tibetanos, un personaje muy importante visitó el Tíbet, aproximadamente en la época de Jesucristo.
Pero ese personaje no ha pretendido nunca ser Jesús.
Se trataba probablemente del Protector, del que descubrimos así un rastro entre sus viajes a América del Sur y la Edad Media. De Gilgamesh al Caballero Blanco, se pueden señalar apariciones del Protector a lo largo de unos seis mil años. Yo no he conseguido descubrir en ello una periodicidad simple o cualquier otra clase de regularidad.
Si queremos ir más lejos que ,Gilgamesh en el pasado, podemos pensar en los señores de Dyzan, que aportaron a los hombres el fuego, el arco y el martillo.
Si queremos ascender a nuestra época, podemos evidentemente asimilar el Protector a un cierto número de profetas auténticos de nuestro tiempo. La dificultad estriba en la palabra «autentico». Algunos de los defensores de religiones en nuestra época son aparentemente verdaderos profetas, pero otros son impostores. Es difícil para un contemporáneo juzgar, sobre todo si tiene como yo una mente sarcástica y racional. No obstante, me sentiría inclinado a considerar a Pak Subu en Indonesia y al o a los dirigentes de la Soga-Gokkai del Japón como manifestaciones del Protector. Al lector corresponde estudiar el movimiento Subud de una manera imparcial —los documentos no faltan— y juzgarlo.
A propósito del movimiento Soga-Gokkai, y en general del Japón moderno, hay que señalar una cosa interesante.
Cuando el emperador del Japón renunció a su divinidad para capitular en agosto de 1945, se produjo una consecuencia imprevista. Un gran número de documentos de los monasterios, que estaban reservados a la familia imperial, se hicieron accesibles a los investigadores e incluso en ciertos casos se inició su publicación. Aún no he visto el conjunto de dichas publicaciones, pero amigos japoneses me dicen que proyectan alguna luz tanto sobre las visitas del Protector como sobre contactos con los extraterrestres. Una parte de estos documentos va a ser publicada en inglés en el periódico de la Soga-Gokkai.
En todo caso, es cierto que si la Soga-Gokkai triunfa en sus objetivos, si consigue establecer, primero en Japón y luego en China (donde va a abrir unas ramas) la fraternidad entre los hombres, el efecto Sobre la Humanidad será tan importante que cabrá preguntarse si en esta ocasión la Humanidad no se habrá beneficiado de un socorro sobrenatural. 

La Soga-Gokkai, que fue perseguida por todos los gobiernos japoneses desde el siglo XIII, sale ahora nuevamente a la superficie y se dispone a predicar el amor y la fraternidad entre los hombres, en tanto que la violencia está resurgiendo plenamente en Japón. Los estudiantes izquierdistas japoneses despellejan a sus adversarios cuando los capturan, y el izquierdismo japonés ha mostrado recientemente de lo que es capaz con ocasión de la matanza del aeropuerto de Lod, en Israel.
Si la violencia puede ser vencida por la fraternidad entre los hombres y si ese movimiento puede extenderse a China, toda la historia de la Humanidad será cambiada; Y cuando los historiadores del tercer milenio hayan estudiado este fenómeno, tal vez comprobarán que ha habido alguna intervención.
En California hay numerosas sectas que se valen del Protector, pero hay suficientes motivos para desconfiar de California donde la demencia más caracterizada anda pareja con la renovación religiosa y mística más sincera.
Lo que resulta notable es que en sesenta siglos de actividad el Protector no haya fundado nunca una religión. Parece que éste no es en absoluto su objetivo y que lo que trata es de intervenir en momentos precisos de la historia de la Humanidad —tal vez tiene conocimiento anticipado de esos momentos—más que asegurar la salvación de la Humanidad a través de la religión. Todo el problema de la decadencia de las religiones y de la ascensión de otra cosa es demasiado importante y complejo para que yo pueda tratarlo aquí. Es indiscutible que las religiones reveladas están «perdiendo velocidad». Tratan de solucionar el problema haciendo política y es poco probable que eso las salve. Algo distinto vendrá. Tal vez las nuevas religiones como el bahaísmo o el subud, tal vez una religión basada en contactos con los extraterrestres, o a falta de contactos en una actitud diferente hacia el cosmos (Olaf Stapledon podría ser considerado como el primer profeta de semejante religión cuya Biblia sería su libro Creador de estrellas) y tal vez algo totalmente diferente de lo que por el momento no tenemos ni idea.
Todo lo que yo querría hacer resaltar es que cualquier futurología basada únicamente en predicciones relativas a la producción de acero y al producto nacional bruto debe fracasar necesariamente porque no tiene en consideración el vacío dejado por las religiones. (Sobre los efectos de este vacío en la juventud americana, no me cansaría de recomendar el reciente libro de Jphn Searle, La guerra de los campus, publicado en «Presses üniversitaires» de Francia.)
Pero volvamos al Protector.
Su poder es evidentemente limitado, o bien no quiere utilizarlo íntegramente. Verdad es, en efecto, que si todos los problemas de la Humanidad tuvieran que ser resueltos por una intervención sobrenatural, eso no resultaría bueno para la Humanidad, pues no llegaría nunca a la edad adulta. Lo que no impide que la Humanidad reclame tales intervenciones.
Un ejemplo notable es la Primera Guerra Mundial.
Mientras los alemanes llevaban cinturones grabados con las palabras Gott mit uns (Dios está con nosotros) los ingleses se persuadieron fácilmente de que los ángeles de Dios combatían a su lado y de que mataron soldados alemanes en Mons con flechas fantasmas. Durante la Segunda Guerra Mundial, tales leyendas se multiplicaron. Una de ellas, muy curiosa, que invoca al mismo tiempo al Protector y la Cabala, procede de Safed, poblado de los cabalistas en Israel.
Parece que en 1941, cuando se esperaba una invasión del Próximo Oriente por los nazis, el Protector se apareció en Safed y dijo que el porvenir estaba indeciso porque el valor cabalístico de las palabras «Siria» y «U.R.S.S.» era el mismo.Pero al mismo tiempo declaró:
- Yo intervendré para que sea la U.R.S.S. y no Siria la que sea atacada.
Es una bella leyenda, totalmente dentro del estilo de las leyendas judías de la Edad Media.
Me gustaría que Chagall la ilustrara sobre una vidriera. Podría representar una balanza en equilibrio, con Siria en un platillo y la U.R.S.S. en el otro...
Yo he citado, sobre todo, leyendas celtas y judías sobre el Protector, pero esto se debe sencillamente a que son las que conozco mejor.
Las hay en África, donde se han atribuido poderes sobrenaturales a Patricio Lumumba.
Las hay en todas partes donde los hombrea son oprimidos.
Se han llevado a cabo estudios interesantes sobre la religión de los oprimidos. El Caballero Blanco ha aparecido y ha desaparecido en un clima de derrota y de opresión. Desde la Guerra de los Seis Días, el Islam vive en la espera de un profeta que invierta la situación. Plegarias especiales se efectúan con este objeto en las mezquitas y especialmente en la de El Arham, en El Cairo. (Véase, respecto de la «guerra santa», el admirable libro de John Buchan, Le Prophète au mantean vert, que sigue estando de actualidad.)
En un clima cultural totalmente distinto, pero continuando la misma idea, Isaac Deutscher, al hablar de Trotski, emplea la expresión «el Profeta armado». Pero parece que el Protector no emplea armas, sino una manipulación psicológica de la Historia que, de momento, se halla fuera de nuestro alcance.
Se parece bastante al personaje de Isaac Asimov, de la serie Fundación, llamado el mulo. El personaje de Asimov, cambiando por medios paranormales la mentalidad de algunos personajes clave, modifica la Historia. La hace escapar así a las previsiones de los calculadores y de los sociólogos para imprimirle su propio sello personal. Aunque le pese a Isaac Asimov, que detesta toda especie de misticismo, yo creo que ha trazado aquí un retrato bastante bueno del Protector.
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