Desaparecidos y Teleportados
Las misteriosas desapariciones y las inexplicables teleportaciones
Alguien desaparece. Muchos desaparecen. De manera continua la crónica registra hechos inexplicables absurdos. Nada que sea racional arroja luz sobre estos extraños sucesos. Barcos, aviones, submarinos, personas. Se ensayan argumentos convencionales, se espera en vano; luego el tiempo va envolviendo al misterio. Llega el olvido y los archivos se abren para silenciar lo maravilloso e inexplicable.
15 DE MARZO DE 1830
Los habitantes de Easton Beach pueblo cercano a Newport observan con asombro que un gran velero avanza rectamente hacia los acantilados. El desastre es inminente, De pronto, "como alzado por manos gigantes, el barco se posa majestuosamente en la orilla despejada sin sufrir daño alguno". Varios pescadores abordan la nave. Un perro es el único tripulante del Seabird. El asombro se convierte en terror cuando penetran en la cabina y descubren café hirviendo sobre la estufa y un suculento almuerzo listo para ser servido. Los camarotes huelen a tabaco. Todo está en orden pero el capitón Durham y su tripulación han desaparecido.
Poco después arriba un barco de pescadores. Los tripulantes comentan haber saludado al capitán del Seabird a distancia, y agregan que, ya próximo a tierra, navegó durante algunos minutos cerca de ellos. Sin embargo nadie volvió a ver jamás a la tripulación del Seabird.
4 DE DICIEMBRE DE 1872
Oliver Deveau, marino del Del Gratía enfoca su catalejo a un barco extraño que parece navegar al garete. Tres hombres lo abordan. Nadie contesta a sus llamados. El María Celeste, un bergantín
goleta norteamericano que había zarpado de Nueva York rumbo a Genova, navega sin tripulación. Todo está en orden menos la vela mayor que yace sobre proa. La carga está en su sitio, nada hace sospechar que pudiese haber habido violencia pero no hay un solo signo de vida.
"Parecía que todo había sido abandonado a gran prisa —dijo Deveau—, pero las cosas permanecían en su lugar, los efectos del capitán, sus uniformes, mobiliario, etc.; el libro de bitácora seguía en la cabina, sobre la mesa..."
¿Qué había ocurrido? ¿Dónde se hallaba el capitán Briggs, su mujer, su hijo y los siete tripulantes?
23 DE SETIEMBRE DE 1880
David Lang, un rico hacendado, vuelve a revisar sus caballos de pura sangre y atraviesa un prado contiguo a su casa. En el porch lo aguardan su mujer, sus hijos y dos visitas que acaban de llegar: el abogado Peck, de la vecina, ciudad de Gallatin. en Tenessee, y un amigo. Peck le hace señas y Lang avanza sonriente. De pronto, ante la vista de cinco personas, Lang se desvanece en el aire. Ya no está allí. El prado es llano, sin pozos ni accidentes y descansa sobre un sólido estrato calizo. Pero Lang ha desaparecido. La policía, impotente, admite su fracaso. La prensa habla durante meses del caso. David Lang ya no habita en el mundo.
NOCHEBUENA DE 1890
La finca de Ton Lerch, en los aledaños de South Bend. Indiana. Hay risas, cantos de Navidad; la familia Lerch y sus amigos —unas veinte personas— festejan el advenimiento. En cierto momento, la señora Lerch pide a su hijo Oliver, de 20 años. que le alcance dos cubos de agua del pozo cercano. Oliver se abriga y sale. Fue la última vez que se lo vio sobre la tierra.
Pocos minutos después, un horrible grito paraliza de terror a los presentes. Se quiebra el coro familiar; Ton Lerch, seguido de varios amigos, se abalanza al jardín bajo ha brillante noche de luna.
La voz lastimera de Oliver se escucha de nuevo pero sobre sus cabezas: "¡Socorro, me han agarrado!". La confusión es total. Sus amigos exploran el cielo, pero no hay nada visible. Durante cerca de cinco minutos la voz aterrada del joven se sigue escuchando a intervalos: "¡Ayuda, auxilio!". A veces se la oía fuerte, luego suave; muy próxima, después débil y ligera; pero siempre desde el cielo, nunca desde la tierra.
La búsqueda prosigue toda la noche, al día siguiente y varios más. Nunca volvió a saberse de Oliver. Los testigos de aquella insólita Nochebuena no han podido olvidar el lacerante lamento: "¡Socorro, me han agarrado!"
3 DE OCTUBRE DE 1902
El "Freya" sale de Manzanillo (México) rumbo a Punta Arenas. El 20 de octubre fue hallado con los mástiles partidos. En la cabina del capitán el calendario señala el 4 de octubre. Toda la tripulación ha desaparecido.
28 DE OCTUBRE DE 1902
H. Raymer, segundo oficial del "Fort Salisbury", corre hacia proa, alertado por el vigía. El barco se halla a 160 kilómetros de las costas de África Ecuatorial. Son las 3.5 de la madrugada. Algo extraño produce cierta trepidación en el agua. A la izquierda de la nave un objeto enorme y oscuro, con luces encendidas, comienza a hundirse lentamente en el mar.
16 DE NOVIEMBRE DE 1930
Joe Lavelle, un cazador canadiense, llega al poblado esquimal de Anjikuni, a 500 millas al norte de Churchill. Como de costumbre, piensa pasar varios días entre sus amigos. Llama pero nadie responde.
El silencio es total. Los treinta esquimales han desaparecido. En las chozas halla recipientes con comida pendiendo sobré fuegos consumidos, rifles colocados —como siempre— detrás de las puertas, y hasta prendas de vestir atravesadas por agujas que interrumpieron para siempre su labor. Días después, la policía montada investiga en vano. Por alguna razón que nunca se sabrá, hombres, mujeres y niños abandonaron, de pronto, sus viviendas atraídos quizá por algo fascinante y desconocido y, olvidando sus alimentos, sus armas, sus perros y sus embarcaciones, se esfumaron sobre la tundra helada sin dejar una sola huella. Para siempre.
5 DE DICIEMB
RE DE 1949
Cinco bombarderos TBM "Avenger" despegan de la Base Aeronaval de Fort Lauderdale, Florida, para realizar vuelos triangulares de rutina sobre el mar. Cuatro aviones llevan tres hombres y el restante dos. Hora de salida: 14.2. A las 15.45 se recibe el siguiente mensaje: "No podemos ver tierra... No sabemos dónde estamos ... No sabemos cuál es nuestra posición". Los cinco aviones jamás regresaron.
A las 16.30, un hidroavión Martín, con trece tripulantes y equipo completo de salvamento, parte en misión exploratoria. Minutos después pierde contacto con la base. Nunca se volvió a saber de él.
Al amanecer, 21 barcos, 300 aviones y 12 patrullas de playa intentan en vano perforar el muro de misterio. Veintisiete hombres desaparecidos en las trampas del cielo.
12 DE FEBRERO DE 1948
S.O.S., S.O.S. El dramático llamado es captado por los puestos de escucha ingleses y holandeses. De pronto, el silencio. Una voz entrecortada recorte el espacio: "…todos los oficiales y el capitán están muertos. Es probable que la tripulación esté muerta..." Luego sigue algo ininteligible y después la palabra: "Muero".
Cuando los barcos de salvamento abordan al Ourang Medan enfrentan un espectáculo siniestro: el capitán se halla muerto en el puente, los oficiales y la tripulación aparecen tirados —sin heridas ni golpes— en las diversas cámaras, en los pasillos y en los puentes. Los ojos de todos reflejan un convulsivo terror.
"Sus rostros helados —dijo el Informe del Consejo de Marina Comercial— estaban vueltos hacia el sol, con las bocas entreabiertas de ansiedad y los ojos vigilantes. Todos habían muerto. Hasta el perro del barco se hallaba sin vida, con los colmillos desnudos por la furia o la agonía".
29 DE ENERO DE 1953
"¡Barco a la deriva!", grita el vigía del Ranee, fletero Inglés que navega a 320 kilómetros al sur de las Islas Nicobar. Poco después, cuatro curtidos hombres de mar abordan al Holchu, un carguero que transportaba arroz a Ceilán. El panorama es desolador. La comida está preparada. La mesa a medio servir, pero no hay seres vivos a bordo. Los cinco tripulantes se han desvanecido, sin dejar rastro alguno. Sólo el mástil quebrado se muestra como un símbolo mudo del misterio.
2 DE NOVIEMBRE DE 1957
La fría brisa acariciaba incesantemente las aguas del Pacífico por las que se dirigía, a través de la oscuridad impenetrable de la noche, el Meitetsu Maru, carguero japonés con destino al puerto de Seattle, Estados Unidos.
Repentinamente el centinela y los oficiales de guardia vieron, desde la cubierta de popa y a poca distancia de la nave, una llamarada que parecía surgir de los portales de un improvisado infierno.
Como es de práctica en tal emergencia, se dio de inmediato la alarma general y entonces todos los tripulantes reunidos en el puente pudieron observar claramente la figura de un barco en llamas.
El Meitetsu Maru enfiló a toda marcha hacia el lugar de la tragedia y entretanto los marineros fueron testigos de un fenómeno harto curioso. En efecto, cerca de la embarcación incendiada advirtieron una luz brillante y circular que se alejaba con extraña lentitud, trazando un enorme arco ascendente hasta desaparecer por completo en la distancia. '
El carguero nipón trató infructuosamente de establecer contacto radial con la otra nave a la que no pudo abordar, pues, para entonces, el fuego se había extendido rápidamente de proa a popa, convirtiendo al infortunado barco en una gigantesca masa ígnea. Sin embargo, aun podía leerse claramente en un lado del casco la denominación K 13 AC.
En las aguas circundantes no se destacaba la presencia de sobrevivientes y los oficiales japoneses, que estaban como paralizados por el súbito e inusitado espectáculo que se desarrollaba frente a sus propios ojos, tuvieron la impresión unánime de que aquel incendio no era accidental sino la resultante de una acción premeditada.
El capitán del Meitetsu Maru irradió a la Prefectura Marítima Norteamericana un pedido de salvamento. Rápidamente llegaron desde la costa los aviones de reconocimiento con el fin de facilitar las tareas de auxilio a los posibles náufragos.
Todo fue en vano. Ni los pilotos, quienes ayudados por las luces de bengala escudriñaron desde el aire una amplia zona de las aguas, ni los marineros japoneses lograron hallar el menor rastro de vida humana.
El buque se fue irremediablemente a pique y con el despuntar del día creció la ansiedad entre las patrullas de rescate que, a la luz del sol, recorrieron una y otra vez palmo a palmo el escenario del drama para volver, solamente, con una tabla de picar carne chamuscada y una lata de nafta vacía que habían quedado flotando en el mar, únicos vestigios incongruentes y grotescos de la nave desaparecida.
Jamás se pudo identificar al K 13 AC, pues el misterioso buque no figuraba inscripto, al menos bajo ese nombre, ni en el Lloyd's Register (1), ni en el British Corporation Bureau Veritas o la American Bureau of Shipping o en cualquier otro registro marítimo del mundo.
Por otra parte, nunca se recibió una denuncia de los parientes o amigos de la tripulación y ninguna compañía de seguros hizo las investigaciones o reclamos correspondientes como es lo usual y lógico en estos casos.
(1) Registro marítimo inglés que por si solo clasifica el 80% del tonelaje británico y casi la mitad de los barcos del mundo entero.
10 DE ABRIL DE 1963
En épocas más recientes, el submarino norteamericano The Thresher se desvaneció en pleno Océano Atlántico con su tripulación de 129 hombres sin dejar el menor rastro.
Los esfuerzos del FBI, de la CÍA y de la NSA (National Security Agency) para resolver este moderno y trágico enigma marítimo han resultado hasta hoy absolutamente estériles.
Además, si ellos supieron algo del submarino, podemos estar seguros que no dirán nada. Pero según comentarios no comprobados, no sería el primero y se dice que los rusos perdieron por lo menos tres submarinos nucleares. Nunca sabremos la verdad.
La puesta de quilla del Submarino USS Thresher (SSN-593) fue el 28 de mayo de 1958 en Portsmouth en el Astillero Naval Kettery y botado el 9 de julio de 1960.
El 3 de agosto de 1961 fue entregado la la Armada de EE.UU.
Explicación de la Marina
El 10 de abril de 1963 y en compañía del buque Alondra (ASR-20), el USS Thresher salio a la mar para realizar ejercicios de inmersión a cota profunda.
Además de sus 16 Oficiales y 96 hombres, el submarino llevaba a 17 técnicos civiles para observar su actuación durante las pruebas de profundidad e inmersión.
Quince minutos después de llegar al punto de inicio del ejercicio asignaron la profundidad de la prueba, el submarino comunico al Alondra por el teléfono submarino, que tenia dificultades. Las transmisiones alteradas indicaron que debajo de la superficie la cosa iba mal. D
e repente, el Alondra escucho un ruido, "el soplado de los lastres".
Los esfuerzos por restablecer el contacto con el Thresher, fallaron, y un grupo de búsqueda se formó en un esfuerzo por localizar el submarino.
La nave de rescate (ASR-43) recuperó restos, incluso unos guantes y trozos de aislamiento interior.
Fotografías tomadas por el batiscafo demostraron que el submarino se había partido en dos, y se encontraba con sus 112 tripulantes y 17 funcionarios a 220 millas al Este de Boston y a 1.400 brazas de profundidad. El USS Thresher se declaró perdido oficialmente en abril de 1963. Pero nunca explicaron las causas, no hay cuerpos y nadie sabe si fue un accidente o fue atacado.
Hipótesis
¿Qué ocurre en realidad? ¿Qué fuerza se oculta detrás de estos y muchos otros sucesos similares? Muertes repentinas, desapariciones en lugares aislados, mástiles quebrados como si de alguna manera la fuerza actuase por encima del barco. Siempre el enigma llega del cielo. Desde arriba. Parece precipitarse, paralizar. Nadie puede informar lo que ocurre. Sólo queda como símbolo el patético grito de Oliver Lerch: "¡Socorro, me han agarrado!"
No puede descartarse la hipótesis que atribuye estos fenómenos a la actividad de inteligencias exteriores. De algo que opera desde arriba, de algo que posee poderes para inmovilizar y levitar. Si esa fuese la causa, el ser humano ha estado viviendo, y aún vive, a merced de entidades desconocidas. Seres de otro espacio, de otro tiempo o de otros planetas proyectan y realizan planes que sólo las hipótesis más atrevidas pueden llegar a vislumbrarlos.
Si las desapariciones fuesen secuestros, ¿qué habrá sido de esos cientos, o acaso miles, de seres humanos? A modo de especulación se puede jugar un momento con audaces concepciones. No una vez, sino varias y en distintos lugares del mundo, los testimonios de personas que afirman haber observado a los uranidas coinciden en describirlos como seres exactamente iguales a nosotros en el aspecto morfológico.
Al margen de los pequeños "pilotos" espaciales y de los "gigantes" de buzo resplandeciente, parecería existir un tipo extraterrestre idéntico al humano. Pero, ¿no serán en realidad seres humanos condicionados psíquicamente en un habitat que no es la Tierra? Sabemos, acaso, si el objetivo final de los "secuestros" es el de poblar nuevos astros, crear una humanidad diferente en otro lugar del universo, conformar una raza de esclavos o preparar varias generaciones de hombres fuera de la Tierra para utilizarlos como punta de lanza en un gran operativo de penetración con fines que desconocemos?
Por ahora, sólo el misterio nos rodea. Cualquier hipótesis puede ser posible. La única verdad que afirmamos es que inteligencias exteriores merodean en torno al planeta. Es preciso que permanezcamos alertas. Para el hombre ya ha comenzado el irreversible fin de la infancia.
Otra posibles explicaciones no se relacionan con extraterrestres, sino con otras dimensiones, con otros mundos o universos paralelos que cada tanto se interrelacionan, se abren, permitiendo el paso de uno a otro lado, porque de la misma forma, es decir inexplicable, han aparecido animales y personas que jamás se supo de su procedencia.
No es nuevo lo que hoy denominamos Puertas Inducidas, es decir portales artificiales que permitirían la comunicación hacia otras dimensiones u otros mundos. En la antigüedad se hablaba del “camino de los dioses” y “puertas sagradas”, hasta en América tenemos varias leyendas al respecto – si es que son leyendas – desde el lejano norte hasta el extremo sur.
TELEPORTACIONES
“Ante los fenómenos de teleportación y desaparición súbitas, creo que la actividad de inteligencias procedentes del espacio exterior, guiadas por motivaciones que desconocemos es la única respuesta satisfactoria.” M. K. Jessup - The case for the ufos
El soldado filipino estaba inmóvil bajo el sol ardiente. Retrocedió dos pasos y apoyó su cabeza sobre el paredón. Casi salidos de sus órbitas, sus ojos reflejaron un asombro infinito. Miró lo gran plaza colmada de gente que se movía con extraña algarabía. Vio los vetustos edificios coloniales, las palmeras sobre el viento. Un temblor sin origen se trepó por sus piernas y su cuerpo —húmedo de terror— se aplastó contra el muro buscando apoyo.
Un grupo de personas lo rodeó lentamente. Había temor, sorpresa, curiosidad ... El filipino de ojos oblicuos balbuceó unas palabras. Después, los guardias mexicanos lo arrastraron semiconsciente hasta el famoso cuartel de las mazmorras. Era el 25 de octubre de 1593.
UN VIAJE DE 15.000 KILÓMETROS
¿Qué había ocurrido aquella mañana de fines del siglo XVI ? En apariencia, un suceso insólito, inexplicable desde cualquier punto de vista. El soldado filipino reaccionó y contó una historia alucinante. "Anoche —dijo— cumplía mi guardia en la entrada norte de Manila. Como de costumbre, recorrí mi trecho de "muralla" una y otro vez. Casi a la madrugada me sentí cansado. Se levantó una espesa niebla, debo haberme dormido... No recuerdo nada mas hasta el momento en que abrí los ojos en la plaza. Todo era extraño y diferente".
Las autoridades españolas de México no dieron crédito al incongruente relato. Pero aun hubo más. En el segundo interrogatorio, el soldado dio detalles precisos de la ciudad de Manila e informó sobre la muerte del gobernador de Filipinas, don Gómez Pérez Dasmarinas, que había sido asesinado por un grupo de marineros chinos, amotinados frente a Punta de Azufre. Esto colmó la paciencia de los inquisidores y el presunto teleportado fue a dar a la cárcel como desertor de "un regimiento filipino" hasta tanto se aclarase el asunto.
Que alguien residente en Filipinas apareciese de la noche a la mañana en la Plaza Mayor de la ciudad de México era, realmente, increíble. Ni la mente más amplia de la época hubiese considerado un suceso de esa naturaleza. No existían pautas conocidas que permitiesen especular sobre una posibilidad semejante. Sólo la omnipotencia de Dios podía haber producido ese inconcebible milagro.
Y SIN EMBARGO...
Varios meses después el Tribunal de la Santa Inquisición tuvo que rendirse a la evidencia. Un barco procedente de Manila, que acababa de atracar en Acapulco, trajo la noticia del asesinato del gobernador Dasmarinas en la fecha señalada por el soldado. El Tribunal optó, finalmente, por enviarlo a Filipinas, donde el caso siguió provocando justificado asombro. Diversas personas salieron en defensa del reo y afirmaron que, efectivamente, había estado de servicio en Manila la fatídica noche del 24 de octubre.
Este caso, sin duda, un antecedente valioso para el estudio de posibles teleportaciones, figura en los registros de los cronistas de San Agustín y de la Orden de Santo Domingo y —asimismo— en el libro Sucesos de las Islas Filipinas, escrito por el doctor Antonio de Marga, alto magistrado de la justicia en la Corte de lo Criminal de la Real Audiencia de Nueva España y en la obra Las calles de México, de Luis González Obregón.
LA HISTORIA SE REPITE
Abrió los ojos en medio de una profunda oscuridad. Cielo cubierto. Frío. Los murmullos del campo lo trajeron lentamente a la increíble realidad. Se vio sentado sobre el pasto, solo; la mente no terminaba de aclararse. Sus dedos se contrajeron un momento sobre la hierba húmeda.
De pronto, los recuerdos fueron coherentes, exactos. Se levantó de un salto. Ubicó lo ruta y corrió en busca de su auto. No lo halló. Aturdido, se perdió en la noche. En medio de su creciente desconcierto ansiaba llegar a Bahía Blanca paro denunciar el robo.
Finalmente, se detuvo a la orilla del camino y esperó. Los minutos se arrastraron como siglos. Después, alguien lo miraba. "Me sentí mal —le dijo— iba para Bahía Blanca y perdí el conocimiento, además deben haberme robado el auto". Su interlocutor lo miró perplejo y luego sonrió levemente. Su voz llegó con un dejo divertido. "Pero, amigo, si estamos a la entrada de la ciudad de Salta..." No atinó a responder y partió precipitadamente presa de una total confusión. Eran las 0.35 del 30 de enero de 1962.
UN VIAJE DE 3.000 KILÓMETROS
¿Cuál era el misterio, o la broma, o la enajenación que padecía ese estimado profesional de Bahía Blanca que en plena noche marchaba aturdido en busca de un auto inexistente ? Algo había quebrado al sentido común; algo había despedazado a la lógica ordinaria y ahí estaba lo víctima, vacilante, indefensa, al borde del "shock" o la locura.
Cuando llegó a las primeras casas enfrentó la verdad, pero se negó a creer. Tuvo necesidad de hablar, decir. "Salí de Buenos Aires, el 29 de enero, solo, en automóvil rumbo a Bahía Blanca. A las 2330 horas, ya próximo a llegar, un haz de luz violáceo me enfocó con tanta precisión que instantáneamente detuve el motor y descendí a averiguar lo que ocurría. Aquella luz espantosa se volvió sobre mi. Sentí que me abandonaban las fuerzas y experimenté una nausea irreprimible... luego, no recuerdo más nada hasta que me vi sentado sobre el pasto."
La policía escuchó el absurdo relato y consideró al vagabundo como un fabulador irresponsable. Sin embargo, ante el formal desafío del declarante, el comisario consintió en telefonear a Bahía Blanca. Dos horas después llegó la respuesta. En medio del estupor general, se confirmó la presencia del coche abandonado en la carretera. Todos los datos coincidían. En pocos minutos (se ignora cuánto tiempo estuvo sin conocimiento sobre el pasto) un ser humano rué arrebatado de una carretera y transportado 3.000 kilómetros hasta el extremo norte del país.
LA VERDAD, TODA LA VERDAD
Este suceso es rigurosamente verídico. Las constancias policiales elaboradas en las comisarías intervinientes existen, probablemente, en los archivos de la Policía Federal también. Sería realmente importante para la investigación científica de los Ovnis saber algo más sobre el extraordinario episodio, obtener elementos más concretos que lo muestren definitivamente como una prueba irrecusable de la existencia de inteligencias exteriores.-
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