Sol en la noche
El 10 de abril de 1969, ciertas expresiones de un funcionario de la NASA replantearon en los Estados Unidos la discusión sobre un espectacular proyecto espacial: iluminar desde un satélite determinadas zonas de la Tierra por la noche.
El comentario aludía al uso pacífico —Iluminar Groenlandia o el casquete polar— de un proyecto presentado originalmente en 1966 con una justificación bien diferente (o menos encubierta): la iluminación de los campos de batalla en Vietnam del Sur.
En ese año, George E. Mueller, administrador asociado para Vuelos Espaciales Tripulados de la NASA, exhibió el esbozo de un satélite identificado como NASA MC 66-5365. Consistía en un espejo de 660 m de diámetro, que de ser orientado en forma conveniente reflejaría los rayos del Sol sobre nuestro planeta iluminando una zona de 360 Km. de diámetro (casi 10.000 km2).
En dicha zona la luz emitida por el espejo tendría una intensidad de 1/6 a 1/3 lumen/m2. En términos más habituales' significa una iluminación igual a la que producirían 1,7 lunas llenas.
El satélite capaz de hacer este prodigio se colocaría en órbita sincrónica y podría ser operado desde la Tierra gracias a pequeños cohetes radiocomandados insertados en su estructura.
Los comentarios actuales —que vuelven a presentar este proyecto ante la opinión pública-— coinciden con la culminación de los estudios de factibilidad correspondientes. Para realizar los mismos —en los que no se ha construido una sola plancha del satélite— se han efectuado cálculos que permiten determinar su practicidad y costo. Cinco compañías norteamericanas han percibido la suma de 490.000 dólares.
Las mismas se encargarían de llevar a cabo el proyecto y su influencia da una idea de la presión a que serán sometidos los diputados y senadores estadounidenses a fin de que sean adjudicados los fondos necesarios para su realización. Se trata de la BOEING, la WESTINGHOUSE ELECTRIC, la GRUMMAN AIRCRAFT, la GOOYEAR AEROSPACE, y la G. T. SCHJELDAHL CO. Es lógico suponer que el espejo y su puesta en órbita costarán bastante más de un millón de dólares (o varios), aunque no se dispone aún de estimaciones precisas. De cualquier forma se entiende perfectamente por qué el interés de las compañías en seguir adelante con el proyecto,
Desde el momento de su presentación en el Comité de Ciencia y Astronáutica, el asunto estuvo rodeado de una muy seria discusión en torno a su utilidad por parte de astrónomos y biólogos que temían por una posible alteración de las condiciones ambientales en nuestro planeta.
REINVENTAR EL CLIMA
Este tipo de temores requiere un análisis especial. El "espejo" pertenece, en efecto, a un tipo de satélites que podría ser encuadrado dentro de la denominación genérica de "ingeniería espacial", en el sentido de que con él, o más claramente con un conjunto de tales artefactos, es posible alterar en forma muy considerable las condiciones naturales de grandes superficies de la Tierra.
En primer lugar se debe tener en cuenta el objetivo inicial del proyecto: la iluminación de Vietnam del Sur. Esto representa un interés puramente militar.
Sin embargo, cuando se piensa en la utilización pacífica de este proyecto, el panorama merece otra atención.
La simple combinación de dos de estos satélites, coordinados para iluminar la misma zona, produciría una luz equivalente a 3,4 lunas llenas, y una radiación calórica considerable. Es probable que se produzcan variaciones en el ritmo de síntesis del oxígeno en la vegetación iluminada, y —aunque es prematuro afirmar que tales modificaciones acarreen en forma cierta la desaparición de numerosas especies— no es aventurado predecir que se alterará todo el sistema ecológico del área.
Si se conociera con precisión qué modificaciones puede llegar a producir la iluminación nocturna, sería posible inducirlas voluntariamente por medio de un sistema reflector, mejorando el clima en la forma deseada para obtener, por ejemplo, mejores cultivos.
Además de la iluminación, se debe tener en cuenta la fuerte proporción de rayos infrarrojos reflejados por el espejo. Esta radiación puede aumentar en forma considerable la temperatura en el suelo. En consecuencia, al ser aplicada sobre grandes extensiones, puede llegar a modificar todo el régimen de vientos, sin que nuestros conocimientos actuales deficientes, inclusive respecto al relevamiento de las corrientes naturales del aire nos permitan aventurar sobre el resultado posible.
Finalmente, existe otro punto de vista por el cual el "espejo" ingresaría en el capítulo de las "herramientas de producción", aunque su uso se hiciera a la distancia, en el espacio. En efecto, si desde el satélite se calentase el casquete polar, o al menos determinadas zonas del mismo, sería factible disminuir la capa de hielo que lo cubre y quizás hasta sería posible la navegación de superficie a través del Polo Norte. O bien quedarían en descubierto las tierras —y los minerales— del continente antártico.
Dentro del variado uso "industrial" o "civil" del satélite reflector, cabe consignar que la iluminación de las zonas nórdicas, cuya vida se desenvuelve durante los meses de invierno con la ayuda de la luz eléctrica, haría posible destinar la potencia eléctrica instalada para Otros usos, reemplazada en su función original por este nuevo sistema de "Iluminación sin usinas".
Es necesario remarcar que todos estos enormes beneficios serán posibles si las modificaciones que se produzcan fueran previstas. De lo contrario podría suceder que la alteración del ritmo biológico de los seres vivos debido a la desaparición de la oscuridad nocturna y la modificación del clima (debido a la radicación infrarroja) conduzca a una situación calamitosa.
En este contexto, se puede comprender la importancia de la batalla por la opinión pública que se viene librando desde agosto de 1966 hasta nuestros días, batalla que se da exclusivamente sobre la posibilidad del uso civil del satélite. No obstante, es precisamente el uso bélico que ha servido de acicate para las investigaciones originales y las modificaciones introducidas posteriormente en el NASA MC 66-5365.
LA LUZ QUIETA
Según el plan de Mueller, un cohete portador llevaría un satélite de dimensiones relativamente pequeñas hasta una órbita ecuatorial situada a unos 35.800 km de altura. Según las leyes de la mecánica, para que un objeto se mantenga en órbita a esa altura debe llevar una velocidad de 11.000 km/h., aproximadamente, y tener un período de 24 horas. Vale decir, que tiene que efectuar una vuelta sobre su órbita en el mismo tiempo que tarda la Tierra en girar sobre sí misma, si la órbita es ecuatorial y en el mismo sentido que la rotación del planeta. Se tendrá entonces un efecto sorprendente: el satélite parecerá fijo en el espacio para cualquier observador. Esto sucede porque ambos —satélite y observador— girarán con la misma velocidad angular respecto del centro de la Tierra.
Una vez colocado en el espacio, en la altura y órbita deseadas, el satélite construido en material plástico inflable, se desplegaría hasta asumir la forma de un inmenso disco con una superficie de 300.000 m2 en cada una de sus caras. Una faz se recubriría entonces con una película de aluminio de modo tal de hacerlo perfectamente reflector. Esta faz enfrentaría al Sol y desviaría sus rayos hacia nuestro planeta siguiendo las conocidas leyes de la reflexión de la luz.
Los pequeños cohetes permitirían orientar el ángulo de Incidencia y reflexión según la zona de la Tierra que se desee Iluminar.
El proyecto entero es tan simple que se calcula que su construcción no demoraría más de un año a partir de la adjudicación de los fondos y la firma de los contratos correspondientes. Teniendo en cuenta que aún faltan los informes de preinversión de dos compañías (la GRUMMAN AIRCRAFT y la BOEING), y que una vez en posesión de los cinco informes los técnicos de la NASA replantearán aspectos parciales del problema, los entendidos norteamericanos sostienen que la discusión sobre los fondos se dará a mediados de este año; y si el proyecto se aprueba, estará en órbita a mediados de 1970.
¿QUIEN NECESITA UN SOL?
La primera objeción al reflector espacial fue presentada por los astrónomos: sostienen que el espejo dificultará la observación astronómica en las áreas adyacentes a la zona Iluminada y deteriorará la observación sobre gran parte de la superficie terrestre.
A ello contestó la NASA por medio de Edgar Everhart (profesor de física de la Universidad de Connecticut y astrónomo amateur, como coordinador de todos los aspectos públicos del proyecto).
Este científico comenzó su acción en octubre de 1966, con un artículo en la revista Sky & Telescope: ¿"But who needs sun at night?" (¿Pero quién necesita un sol durante la noche?), donde trataba de despejar las dudas creadas por los astrónomos con palabras cargadas de pesada ironía: "Este proyecto es terrorífico para los astrónomos, piensan sobre él como si se tratara de una bomba nuclear". y afirmaba que "es una tendencia de los astrónomos poner la cabeza bajo una cobija, enfrascarse en su trabajo y tratar de olvidar el tema".
La Academia de Ciencias del Espacio, sin embargo, encargó a John W. Findlay, del Observatorio Nacional de Radioastronomía de Charlottesville —Virginia—, y a su Comité sobre Contaminación Potencial de Interferencia desde Satélites, que investigara los posibles efectos del espejo, desde el punto de vista exclusivo de la astronomía y ciencias afines, sin tornar en consideración su utilidad militar.
Al año siguiente, el Comité dio a conocer el resultado de sus trabajos (Journal of the óptical socíety of América, sept. de 1967, pág. 1167). Sus conclusiones fueron las siguientes:
1) No existe prueba concluyente que permita asegurar que el empleo del sistema reflector reportará un daño a la ciencia.
2) Se recomienda, sin embargo, que el satélite no sea construido, a menos que se incluya en él un sistema de autodestrucción que responda a una orden de la Tierra.
3) También sería necesario realizar, previamente, estudios biológicos y astronómicos detallados y darlos a publicidad para su análisis por todos los científicos interesados.
4) En último lugar, los investigadores afirmaban que no se observaban, desde el punto de vista científico, ventajas proporcionales a su costo.
Sin embargo, las Compañías siguieron trabajando en el estudio de factibilidad durante todo 1968. Algunos centros universitarios están realizando ensayos en pequeña escala sobre la influencia de la iluminación nocturna, a fin de determinar con alguna aproximación su resultado en la utilización del sistema reflector.
Las razones que dieron vida originalmente al NASA MC 66-5365 son las que volverán a Impulsarlo en el presente. Es posible que se presente como alternativa un reflector de uso "civil". Pero sin duda será seguido de inmediato por un lanzamiento con fines militares; o quizás el mismo "ejemplar" se destine a un uso "mixto".
Es de esperar que, de todos modos, el hombre no acceda —tecnológicamente— a su propia destrucción.
Para junio-julio de 1969 se trataba de presionar publicando que:
El primer satélite reflector se pondrá en órbita probablemente a mediados o fines de 1970. La experiencia de su funcionamiento permitirá que el lanzamiento sea seguido por una serle de satélites del mismo tipo, conectados "en batería" para sumar sus efectos sobre la zona elegida de la Tierra.
Con tales baterías será posible en los próximos 10 años:
• Fundir los hielos del estrecho de Behring durante el invierno, facilitando la navegación.
• Prolongar la iluminación diurna en las zonas muy australes o muy boreales, librando la energía eléctrica que hoy se utiliza con ese fin hacia usos industriales o agrarios.
• Suprimir la noche polar, de seis meses.
• Iluminar las ciudades durante la noche, ahorrando enormes cantidades de energía eléctrica, de artefactos que hoy se utilizan para ese fin, de equipos eléctricos para conducir y controlar la corriente.
Si fuera posible desviar los vientos, y simultáneamente librar de su uso actual la potencia eléctrica Instalada, ¿se podrá convertir en praderas los desiertos? ¿No será posible cultivar las zonas más castigadas de la Tierra?
Si eso se hace, el siglo venidero, el próximo milenio puede encontrar a la raza humana con un pleno dominio de la naturaleza. Dentro y fuera del planeta original.
El verdadero objetivo: Un arma calórica
Estábamos en plena “Guerra Fría”, mejor dicho “se estaba calentando”, y el único objetivo era colocar un espejo ustorio en el espacio capaz de calentar zonas reducidas – no mas de algunas decenas de metros de diámetro – pero a una temperatura de varios cientos de grados ( 250-300ºC) con el consiguiente desastre humano, animal y vegetal. Imaginemos que pasaría sobre una ciudad cualquiera, enfocada durante cinco o seis horas seguidas a 300ºC …
Para lograrlo lo único que debían hacer es ajustar el foco del espejo o activar las zonas reflectantes, que no es nada difícil. Y una cosa mas, el diámetro del globo sería de 1200 m y no de 600 como decían. Por suerte no lo aprobaron, (creemos) o por lo menos no lo desplegaron y se encuentran “dormidos” esperando el momento apropiado puesto que existe un gran número de satélites militares secretos de ambos bandos.
Consultas
Buscando datos en la web puede obtenerse que también experimentalmente se comprobó que, recibidos rayos solares en un espejo cóncavo de latón batido, cuyo diámetro y radio de curvatura sea de 1 o 2 metros, se obtiene un foco calorífico tan intenso que el sílice, la piedra pómez, el cobre y la plata se funden en pocos minutos.
Si se afina la búsqueda, encontramos “Horno Solar” que sería lo mas indicado para tener una idea mas completa sobre los efectos, que en Francia funciona uno de grandes proporciones con fines de investigación, pero que en sus comienzos había nacido como un arma antiaérea.

Funcionamiento
Principio físico de la concentración de los rayos por espejos reflectantes. Una primera serie de filas de espejos orientables y situados sobre una ligera cuesta, recogen los rayos solares y los transmiten hacia una segunda serie de espejos "concentradores" que forman la enorme parábola en el edificio principal. Los rayos convergen a continuación hacia la zona superior del edifico central que los concentra sobre un objetivo (target), una superficie circular de 40 cm de diámetro. Esto equivale a concentrar la energía de "10.000 soles".
Ventajas
Se obtienen rápidamente temperaturas considerables (más de 3000° C).
La energía es gratuita.
Permite originar artificialmente bruscos cambios de temperatura y en consecuencia estudiar el efecto de los choques térmicos.
No hay casi ningún elemento que contamine ya que solamente el objeto o material a estudiar es calentado y por una radiación solar.
Utilización
El horno solar de Odeillo es un laboratorio de investigación del CNRS conjuntamente con la Universidad de Perpiñán especializado en estudios térmicos a alta temperatura, los sistemas termoportadores, la conversión de la energía, el comportamiento de los materiales a alta temperatura en medio ambiente extremo, permitiendo además hacer experimentos en un ambiente con condiciones de gran pureza química .
Torre del laboratorio
Los ámbitos de investigaciones se extienden también a las industrias aeronáuticas, aeroespaciales, entre varias, comprobando materiales que puedan estar sometidos a radiaciones solares más intensas al cruzar las diferentes capas atmosféricas e incluso en condiciones espaciales.
Nota: Debo aclarar que no todo aparece en la red de redes, existen variados intereses que prefieren no divulgar ciertos conocimientos o hechos y como se ha creado una cultura del “Dios Internet” si allí no está, entonces no existe. Es el camino perfecto para guiar sin problemas hacia donde conviene.
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